Homefront: The Revolution por fin llegó al mercado después de un desarrollo muy accidentado. empezando por el cierre de THQ, que cedió los derechos de la franquicia a Crytek, pero finalmente Deep Silver fue quien terminó por adueñarse del futuro de este juego. La primera entrega de la serie salió cuando la mayoría de los juegos de disparos en primera persona parecían ser simples experiencias interactivas donde los clichés más comunes del cine eran utilizados en entornos bélicos que involucraban a los Estado Unidos como un país sin enemigo a su altura. Si, la historia era diferente, los papeles se invertían y eso era ya algo prácticamente considerado como innovación, pero no fue suficiente.

Dambuster Studios (antes Crytek UK) es un equipo de trabajo reconocido por su pasado con la saga Timesplitters. Pero, ¿a caso eso era suficiente para hacer que éste proyecto resurgiera con la fuerza y calidad necesaria?. Si bien Homefront: The Revolution tiene momentos donde parece tener las mejores ideas para refrescar a los FPS, al final termina por ser un desastre, sobre todo en la parte técnica.

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En este futuro distopico, Corea del Norte es el máximo exponente en tecnología a nivel mundial. Sus productos se venden en grandes cantidades a todo el mundo y son los Estados Unidos uno de sus mayores importadores, sobre todo de armas. El mercado del país se ve comprometido y cuando la deuda con Corea es muy alta, los asiáticos deciden desactivar todo el armamento de manera remota para comenzar con la ocupación de territorio, y así, una represión sobre su pueblo.

La crisis en el mercado fue el detonante para comenzar la invasión

En un principio la idea era hacer un juego muy similar a su predecesor, pero cuando la IP pasó por manos de Crytek, se comenzó a desarrollar un mundo abierto el cual ofrecería a los jugadores la posibilidad de explorar una ciudad que presentara de manera más inmersa el arco argumental. La historia se desarrolla en Filadelfia, donde la ciudad está dividida en distritos con niveles de vigilancia diferentes: el color verde es donde los ocupantes viven de una manera más pacífica y civilizada; la zona amarilla está poblada principalmente de ciudadanos americanos que intentan lidiar con las restricciones que las autoridades imponen; y finalmente la zona roja son calles y edificios en ruinas, donde grupos de personas viven entre los escombros de esta guerra, esperando el momento oportuno para poder iniciar una revolución.

Los norcoreanos cuentan con equipos de vigilancia que les permiten llevar esta conquista de una manera más “pacífica”, pues las cámaras de seguridad, robots blindados y unas naves que se encuentras patrullando por los cielos de la ciudad, son suficientes para mantenerse al margen de las actividades de cualquier individuo. El jugador toma el papel de Ethan Brady, quien después de presenciar como el líder de la resistencia es capturado, se le encarga que haga lo posible por intentar localizar y rescatar su líder, quien es el único capaz de inspirar a el pueblo en buscar la libertad.

Resistance patrol

Para acompañar a la trama existe una mecánica que consiste en cumplir con actos rebeldes que nos ayuden a reclutar más elementos al movimiento. Existen varias actividades que nos van a ayudar en esto, que van desde recuperar territorios ocupados por bases enemigas, poner la estación clandestina de la resistencia en los radios esparcidos por la ciudad, destruir propaganda y hasta dar limosna a los más desamparados. Poco a poco iremos llenando una barra, donde el resultado será ver a la gente manifestarte ante sus opresores para al final poder recuperar el distrito completo.

Claro que las cosas tampoco van a ser sencillas, pues como lo mencioné, las calles están muy bien vigiladas. A pesar de que el juego da la posibilidad de actuar de manera sigilosa también se puede avanzar con un estilo más tradicional de los videojuegos. En realidad la primera opción es mejor, ya que el el contexto del juego invita a el usuario querer tomar un papel serio como revolucionario, intentando pasar lo más desapercibido posible y poder ir ganando terreno poco a poco. A pesar de esto, el protagonista no cuenta con un guión y se siente como un mandadero. Ser el personaje que no dice ni una sola palabra y termina por ser alguien que sólo sigue órdenes rompe totalmente la inmersión y es algo que afecta la experiencia de una manera enorme.

Ethan Brady parece no tener el carácter para poder continuar con la revolución

El lado positivo de que ahora Homefront sea un juego de mundo abierto, es que muchas de las actividades se pueden completar desde distintos puntos. Muy similar a lo que vimos en Far Cry con las bases enemigas. Explorar un poco la zona al rededor de un fuerte lleno de enemigos y cámaras de seguridad nos dará una mejor idea de que podemos hacer para no llamar la atención y así no tener que afrontar una lluvia de balas. Es muy difícil terminar ciertos objetivos sin ser visto, por lo que será mejor correr. Las calles ofrecen varias alternativas para poder despistar a el enemigos, como algunos basureros, o si algún drone nos está siguiendo con sus cámaras, será mejor entrar a un edificio hasta que la alerta termine.

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Uno de los puntos favorables del juego es su sistema de armas. Debido a que los norcoreanos tienen armas que no pueden accionarse si su dueño no es el que la está sosteniendo, los revolucionarios tuvieron que conseguir su propio armamento con algunas modificaciones caseras que los ayuden en su lucha. Cada arma es desmontable y podrás adquirir piezas que la transformen de manera radical. Esto además de ser un respiro para el genero, le da una buena variedad de combinaciones, ya que por ejemplo puedes llevar una pistola que se transforma en un subfusil y una ballesta que también puede cambiar a escopeta, además de un arma pesada como un lanzacohetes. También a cada una se le puede modificar los accesorios, mejorando sus miras, cartuchos, empuñaduras y agregando un silenciador que nos ayude en las misiones de sigilo.

También hay una buena variedad de objetos que podemos usar para atacar o usar como distracción. La idea era buena, pero el acceso a cada uno de estos objetos o a el cambio de aditamentos en las armas no es muy veloz, y en muchas ocasiones puedes llegar a equivocarte en el proceso, perdiendo valiosos segundos que pueden terminar con una pantalla de muerte. Es una lástima ver como buenas ideas terminan por ser un agregado mal ejecutado. Lo mismo pasa con las motos, vehículo que podemos usar para recorrer grandes distancias. Su manejo es está bien pulido y en ocasiones puedes terminar atorado entre algunas estructuras o escombros, y su única función adicional y marcar en un radar escondites donde podemos encontrar equipo valioso.

Las armas transformables es una de las mejores ideas del juego

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El mayor pecado de Homefront: The Revolution fue pensar que la producción podría hacerse pasar por un juego triple A. El estudio tuvo una gran confianza en su trabajo, que claro, es de admirarse, pero probablemente el presupuesto y la falta de talento terminaron por hacer un producto con muchas fallas. En cuestiones gráficas no sobresale, pero cumple con lo que intenta representar. El modelado de los personajes es bueno, sobre todo el de sus rostros, pero la animación no termina por convencer. El juego la mayor parte del tiempo está acompañado por texturas que brincan de la nada, enemigos que popean, glitches y problemas de físicas sobre todo con los cuerpos de los enemigos abatidos.

En cuestiones de audio el juego es más rescatable. Está bien ambientado aun que en varias ocasiones hay diálogos importantes que llegan al protagonista por el comunicador pero que es muy difícil entender porque estamos a la mitad de una misión de de alguna actividad. La banda sonora es adecuada con sus tonos electrónicos que añaden buena ambientación al juego, y en general los efectos sonoros de los disparos, explosiones y demás detalles sobre el entorno fueron bien trabajados. Otro de los problemas técnicos es el control de la mira, y es que al parecer está del todo pulida, ya que en ocasiones es muy difícil acertar a objetivos que se encuentran a distancias cortas, mientras que los enemigos fácilmente pueden causarnos daño por más cubiertos que estemos. Pero no se dejen engañar, la inteligencia artificial también sufre mucho, la solución de los enemigos muchas veces será correr fuera de su cobertura y quedar totalmente vulnerable, en ocasiones incluso podemos estar a sus espaldas y no sabrá que estamos ahí, terminando por hacer el ridículo.

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Al final Homefront: The Revolution es un juego que tiene ideas frescas, y el estudio es el menos culpable por los resultados finales. De hecho, se atrevieron a crear un modo cooperativo para cuatro jugadores que al final no agrega mucho al juego, pero esto también es parte de los errores en el proceso de producción que duró varios años. Otro de los factores que dementaron el trabajo fue el hecho de usar CryEngine, ya que es un motor gráfico que no está bien optimizado en la generación actual debido a el favoritismo de Unreal Engine 4. Ojalá en algún momento se le de justicia a Dambuster Studios y una nueva entrega ya con el equipo necesario pueda realizarse.

Las decisiones administrativas terminaron por demoler la estructura del juego

Mientras las actualizaciones irán arreglando poco a poco el título, y desafortunadamente tiene toda la pinta de ser un juego que dentro de pocos meses sufran un gran corte de precio. Esto sin embargo lo haría un tanto atractivo para los jugadores de los títulos de disparos en primera persona. Mi recomendación es darle un poco de tiempo para que optimicen un poco más la experiencia, y al final el trago no sea tan amargo.

Reseña | Homefront: The Revolution
Homefront: The Revolution es una mezcla de muchas ideas muy buenas mal ejecutadas. Con tantos problemas en su desarrollo sería un milagro que Dambuster Studios no tenga que cerrar.
Historia7
Jugabilidad6.5
Gráficos5
Audio7
Rejugabilidad2.5
Lo bueno
  • Hay niveles completos de Timesplitters
  • Algunas ideas frescas
Lo malo
  • Gran cantidad de errores técnicos
  • El cooperativo es muy simple
  • Las mecánicas no están bien implementadas
5.6Malo